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JUSTICIA Y PAZ: Iglesia por el Trabajo Decente denuncia el injusto marco laboral y social

Iglesia por el Trabajo Decente denuncia el injusto marco laboral y social #SINTrabajoDecente

1º de Mayo. Primera celebración conjunta de organizaciones de Iglesia. Reclaman situar a la persona en el centro de la vida política y económica, conciliar vida laboral y familiar, y fortalecer el acceso a derechos sociales; y convocan diversas actividades públicas para promover el trabajo decente.

Con motivo del 1º de Mayo, las entidades promotoras de la iniciativa «Iglesia por el Trabajo Decente» (ITD), han difundido un manifiesto, en el que denuncian el «injusto marco laboral y social» actual de nuestro país y «la falta de trabajo decente para todas y todos en nuestra sociedad». Anuncian, a su vez, la convocatoria de Eucaristías «en acción de gracias por el don del trabajo humano y como signo de solidaridad con quienes sufren la deshumanización del trabajo».

Aseguran, además, que «el sistema configura una sociedad donde el trabajo no es un bien para la vida sino un instrumento al servicio del capital por encima de la persona» y donde «la deshumanización del trabajo sitúa a la persona en una peligrosa situación de vulnerabilidad y exclusión social».

Los datos socioeconómicos constatan esa denuncia. Un chequeo del estado del trabajo decente en España arroja las siguientes cifras:

■ Desempleo. 3.766.700 personas paradas (EPA 2017).
■ Calidad. Tasa de temporalidad: 26,7%. Tiempo parcial involuntario: 57,3% (EPA 2017).
■ Pobreza laboral. Afecta a casi 13 millones de personas. El porcentaje de trabajadores pobres de 18 a 24 años ha pasado del 7% en 2007 al 21% de 2014. (Informe de emancipación juvenil en España 2016).
■ Redes de protección. La tasa de cobertura de parados con prestaciones es del 56% (EPA 2017). Unas 4.716.000 pensiones, la mitad del total, están bajo el umbral de la pobreza, es decir, son inferiores a 684€ mensuales (Informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza, EAPN).
■ Salarios. El salario medio anual es, en el caso de las mujeres, 20.051,58 euros; el de los hombres, 25.992,76 euros (Encuesta Anual de Estructura Salarial Año 2015, INE, junio 2017).
■ Seguridad y salud laboral. Los accidentes en jornada de trabajo fueron 503.749 en 2017, un 4,9% más que el año anterior). De ellos fueron siniestros mortales 484 (+1,7%) (Avance estadístico del Ministerio de Empleo y Seguridad Social 2017).
■ Participación de los trabajadores. El 51,3% de los asalariados no tiene representante sindical en la empresa (Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo. 6ª EWCS – España 2015).
■ Descanso. El 22,4% de los ocupados trabaja más de 40 horas a la semana. El 33% trabaja en domingo, una o más veces al mes. El 24,6% tiene un horario que no se adapta a sus compromisos familiares y personales (Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo. 6ª EWCS – España 2015).

¿Qué historias se esconden detrás de estas cifras? El testimonio de Daniel, un trabajador de reparto a domicilio, es elocuente.

«Llevaba tiempo sin trabajo. Me fijé en los repartidores que veía con las bicis… Te das de alta en autónomo. Antes de empezar a trabajar tienes que pagarles 100€ de fianza por el material. Para la empresa no somos trabajadores sino “colaboradores”. Te asignan las horas de trabajo a la semana que les convenga, nunca lo sabes y nunca las que quieres trabajar. «El salario —prosigue Daniel— era de 8,50€ la hora para las motos y las bicis 8€, incluido el IVA. La media de horas que te dan a la semana eran unas 20. Hay que restar el IRPF, el gasto del autónomo y los gastos derivados de la bicicleta o de la moto… Al final, en neto se queda en 5€/hora, o incluso menos. Ahora, se pasa a cobrar por pedido: 4€ el pedido.

En su manifiesto, las entidades recuerdan lo señalado por los obispos españoles en el documento Iglesia, servidora de los pobres, donde se afirma que «la política económica debe estar al servicio del trabajo digno. Es imprescindible la colaboración de todos, especialmente de empresarios, sindicatos y políticos, para generar ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las personas y de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justicia social».

Junto a la denuncia de la realidad, el manifiesto incluye varias reivindicaciones y propuestas, como que:

■ La persona se sitúe en el centro de la vida política, de las relaciones laborales y del trabajo.
■ La protección del derecho al trabajo decente posibilite un desarrollo integral de la persona, donde el trabajo sea generador de dignidad para la vida.
■ Igualdad de oportunidades y trato para todos los hombres y todas las mujeres.
■ El trabajo permita desarrollar nuestra vocación y aportar nuestros dones a la construcción de la sociedad desde el bien común.
■ El reconocimiento del trabajo reproductivo, que ponga en valor aquellos trabajos de cuidados que posibilitan y sostienen la vida.
■ Seguridad y salud con unas condiciones laborales que no atenten contra la integridad física y psíquica de la persona.
■ Libertad en la empresa para que, como personas expresemos nuestras opiniones, podamos ejercer nuestro derecho a organizarnos colectivamente y participemos de las decisiones que afectan a nuestras vidas.
■ Conciliación real laboral y familiar, mediante la creación de ritmos y mecanismos que posibiliten el desarrollo integral de la persona.
■ El acceso a los derechos para una vida digna, como sanidad, vivienda, educación, o protección social entre otros, no esté condicionado a tener o no un trabajo.

Documentos de interés

■ Manifiesto 1 Mayo 2018. Sumando fuerzas por un trabajo decente(pdf)
■ Sigue la conversación en redes sociales con la etiqueta #SINTrabajoDecente

Leer más: https://www.juspax-es.org/products/iglesia-por-el-trabajo-decente-denuncia-el-injusto-marco-laboral-y-social-sintrabajodecente/

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HERMANDADES DEL TRABAJO: Manifiesto del 1º de mayo

Diptico Manifiesto 1º mayo 2018 de HHT

MANIFIESTO DE HHT 1º MAYO 2018 en PDF

 

Nuestra mirada desde las HERMANDADES DEL  TRABAJO  como trabajadores cristianos, en este Primero de Mayo, nos hace constatar, una vez más, la situación injusta que están sufriendo los más de 3 millones de personas paradas, así como la de muchos trabajadores que, a pesar de tener trabajo, están en condiciones de precariedad y de pobreza que les impide desarrollar una vida personal, laboral y familiar digna, una situación que afecta también gravemente a pequeños empresarios y autónomos.

En este contexto, a pesar del relativo crecimiento económico  y reducción  de las cifras de desempleo, las Hermandades del Trabajo, como lo hemos venido haciendo, nos sentimos obligadas a seguir denunciando lo que está ocurriendo con los trabajadores, especialmente los afectados por el paro, la explotación y la precarización, situación que viene generando unas desigualdades que crecen de manera hiriente, con el riesgo de convertirse en crónica. Es una realidad verdaderamente insostenible que pone gravemente en peligro el contrato social que  permite fomentar el bienestar y desarrollo de nuestra sociedad.

Denunciamos cómo, para salir de la crisis, desde la clase política y el poder económico se promueven medidas que favorecen y enriquecen a unos cuantos y, a la vez, perjudican y afectan gravemente a los trabajadores, quienes se sienten obligados a renunciar  a sus justos derechos laborales por la amenaza de la deslocalizacion de las empresas y sus exigencias. Asimismo, no podemos guardar silencio, ante la evidencia de que el Pacto de Toledo, que aseguraba la sostenibilidad del sistema de pensiones, ha  sido muy poco tenido en cuenta por las sucesivas crisis laborales.

La situación actual se agrava con la pérdida de valores humanos y cristianos por el fomento de una cultura consumista promovida por los medios de comunicación social, que siguen animando modelos que dañan gravemente a las personas. Se ofrece, como salida a la crisis, un sistema económico basado en la exclusión y la inequidad, donde se defiende la autonomía absoluta de los mercados, la especulación financiera y la globalización de la indiferencia, Este sistema económico ha sido denunciado por el Papa Francisco como “una economía que mata”, es decir, que destruye a personas, a familias, al medio ambiente… No importa que aumente la contaminación, los accidentes laborales, la falta de conciliación de la vida familiar y laboral… Todo se reduce a consumir, consumir y consumir, formándose una letanía humanicida, que convierte el trabajo en una nueva forma de esclavitud.

Ante esta situación, exigimos un sistema económico al servicio del bien común y la solidaridad, donde la persona sea el centro de la economía y se promueva una cultura del encuentro.

 

TRABAJO DECENTE PARA TODOS

Como miembros de la Iglesia Católica y ciudadanos responsables, estamos comprometidos en la “Campaña por el Trabajo Decente” sumándonos a las iniciativas eclesiales en la que se señala que “no hay peor pobreza material que la que no permite ganarse el pan y priva de la dignidad  del  trabajo”  y  que “el desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables; son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima de la persona” (Declaración Iglesia por el trabajo decente).

Así se da lugar a una lista interminable de carencias y dificultades laborales que impiden a la persona conseguir un puesto de trabajo y, aun lográndolo, entorpecen el normal desarrollo familiar, social y personal:

  • El alto paro juvenil, donde el Estado tiene la responsabilidad de crear políticas orientadas al logro del pleno empleo que garanticen el futuro de los jóvenes y ayudarlos a realizar su proyecto de formar una
  • Las desigualdades, donde la dignidad de la persona y las exigencias de la justicia requieren, sobre todo hoy, que las opciones económicas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable las desigualdades y que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos…
  • La precariedad laboral, que está destruyendo a la persona individualmente, y también a la convivencia social, pues se impide el normal desarrollo de las empresas y se da lugar a múltiples fraudes de ley que mantienen en el tiempo a la persona que trabaja así, sin la mínima e imprescindible estabilidad
  • La siniestralidad laboral, consecuencia, entre otras causas, de las insuficiencias en las inspecciones de trabajo, de los fraudes de ley en los contratos, de la precariedad laboral, de la economía sumergida,
  • La falta de compañerismo: ante la lucha por el puesto de trabajo estable los trabajadores estamos divididos. Los sindicatos no tienen la fuerza necesaria para la negociación.
  • La crisis del estado del bienestar, agravada por una política fiscal que afecta más a las clases humildes y trabajadoras que a los que más

Se hace interminable la lista de reivindicaciones del Día del Trabajo: jóvenes, mujeres, inmigrantes, parados adultos, … con rostros concretos, personas que sufren discriminación y explotación e incapacidad de reaccionar ante la injusticia con la que los trata esta sociedad. Nunca, nadie, le ha regalado nada a los trabajadores.

 

COMPROMETIDOS CON LA JUSTICIA SOCIAL

Para revertir esta situación y vencer la pasividad, el conformismo y el derrotismo, hacemos un llamamiento al compromiso personal, familiar, social y eclesial, impulsando el asociacionismo sindical y el corporativismo profesional con una mayor presencia en el ejercicio de nuestros derechos a través de canales participativos y deliberativos.

Hermandades del Trabajo, fiel a su carisma y misión, quiere recordar que los trabajadores estamos llamados a vivir como hermanos e hijos de Dios, comprometidos a participar en la lucha por la Justicia Social que nos ha enseñado Jesucristo, el carpintero de Nazaret, y que como Iglesia Católica defendemos.

 

Comisión Nacional de España

 

 

 

 

 

 

 

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Hermandades del trabajo: Manifiesto del 1ª de Mayo de 2015: “Trabajador, tienes derecho a un futuro digno”.

En los últimos años, con motivo del Primero de Mayo, fiesta del trabajo y de San José Obrero, las HERMANDADES DEL TRABAJO hemos venido manifestando nuestra preocupación, denunciando la situación de paro y precariedad que viven los trabajadores y sus familias, exigiendo responsabilidad, solidaridad y justicia. Así lo declaran los títulos de los últimos manifiestos: CONTRA LA CRISIS ECÓNOMICA, SOLIDARIDAD SOCIAL (2009), LA SITUACION ES DRAMÁTICA (2010), A FAVOR DE UN PACTO COMÚN POR EL EMPLEO (2011), SITUACION GRAVE PERO NO DESESPERADA. HHT A FAVOR DEL BIEN COMÚN (2012), UNIDOS CONTRA LA CRISIS (2013) y ANTE LA PRECARIEDAD, SOLIDARIDAD Y JUSTICIA SOCIAL (2014).
Los siete últimos años de crisis económico-financiera, de aumento de deuda pública y fuertes ajustes fiscales, han producido un descenso en la riqueza nacional; causando el cierre de numerosas empresas y el aumento del paro hasta unas cifras insoportables para una sociedad justa y que persiga una armónica convivencia social. Adicionalmente, las fuertes subidas de impuestos han castigado el poder adquisitivo de las clases medias, constatando que muy pocas personas y familias han salido indemnes de esta crisis. Aunque, en el último año, se ha producido un relativo crecimiento de la economía y una reducción del número de desempleados, todavía permanece una gran bolsa de trabajadores que no han alcanzado el ansiado contrato laboral.
LA REALIDAD SOCIAL ACTUAL

Desde una mirada cierta a la realidad social que nos interpela, es fácil constatar que entre nosotros ha crecido la pobreza y la desigualdad. Cada vez más, la sociedad española está formada por muchos trabajadores pobres y una minoría privilegiada muy rica. Las cifras confirman nuestra preocupación y han hecho saltar todas las alarmas. En efecto, si por un lado es inquietante el que uno de cada cuatro que quieren trabajar esté en el paro; el que uno de cada tres parados no cobre prestación alguna, el que uno de cada dos jóvenes no tenga trabajo, y el que más de dos millones de niños viven por debajo del umbral de la pobreza, trece millones de personas están en riesgo de pobreza o exclusión social y cinco millones en situación de exclusión severa. Por otro es escandaloso constatar que en este tiempo de crisis un pequeño grupo de personas han seguido acumulando la riqueza. Cómo justificar que el 1% de la población española tenga el 27% de la riqueza y que el 10% acapare hasta más del 55%. Realmente es escandaloso. El panorama dibujado en los últimos años es de una clase media empobrecida, que ha convertido a España en uno de los países más desiguales de la Unión Europea.

De nada vale seguir pregonando las grandes cifras macroeconómicas que manifiestan una mejoría global de la economía española, si no se afrontan de un modo decidido las causas que afectan directamente a los derechos del ciudadano de a pie. Son de todos conocidas estas causas que amenazan de un modo especial a los trabajadores y sus familias: el desempleo y la precariedad laboral, las desigualdades laborales existentes entre hombres y mujeres, el descenso de los sistemas de protección social y familiar, la crisis de educación, las desigualdades territoriales, el problema recaudatorio en razón de la economía sumergida, el fraude fiscal y la corrupción… La unión de todos estos factores es lo que ha llevado a que la pobreza y la desigualdad sean más extensas y más intensas, con el riesgo de volverse crónica.

CREACIÓN DE EMPLEO DECENTE: UNA PRIORIDAD POLÍTICA Y SOCIAL

El desafío decisivo que hoy tiene planteada la sociedad española es que todos los que hoy carecen de empleo puedan, a medio plazo, lograr un trabajo decente, cuestión que consideramos esencial para su vida y la de sus familias.

Como nos lo recuerda el Papa Francisco: “Es hora de favorecer las políticas de empleo, pero es necesario sobre todo volver a dar dignidad al trabajo, garantizando también las condiciones adecuadas para su desarrollo. (Discurso al Parlamento Europeo, en Estrasburgo, Francia, 25.XI.2014).

En este año, en el que se van a dar más citas electorales que nunca, los ciudadanos junto con nuestros políticos debemos sentirnos interpelados por la gravedad de la situación y acometer de una vez por todas las soluciones que puedan generar un proyecto común, en el que nadie quede excluido. Es el momento de revalorizar la Política con mayúscula; de recuperar la implicación de todos en la “cosa pública”, reconociendo la política como una actividad profundamente noble y valiosa que tiene como objetivo el de construir una sociedad más digna y justa, donde los partidos políticos deben considerarse instrumentos al servicio del bien común y no fines en sí mismos.

En la coyuntura electoral en que nos encontramos, es fundamental que se ponga como centro del debate a la persona y no a la economía, al trabajo y no el capital, al trabajador y no los instrumentos materiales. El desempleo, la pobreza y la exclusión nos obligan a exigir a los partidos políticos a que pongan
en marcha una serie de medidas contra el paro y la precariedad laboral. Cada vez es más urgente la creación de un empleo decente; la instauración de una nueva política fiscal sostenible, progresiva y equitativa complementada por una lucha eficaz contra el fraude; la implementación de políticas públicas de ayuda a familias; la recuperación de los servicios sociales públicos; y una educación y sanidad de calidad abierta a todos, también a los inmigrantes.

Por otro lado, instamos a todos los ciudadanos a una mayor implicación en la vida política y social. Nuestra participación no es solo un derecho, también es un deber. Nadie debe sentirse eximido de esta responsabilidad ni resignarse a asumir un simple papel de espectadores-gobernados. Todos debemos participar activamente en la construcción de un nuevo espacio público en el que debatamos los verdaderos problemas que nos preocupan y afectan y busquemos las soluciones más convenientes.

SIN TRABAJO NO HAY DIGNIDAD NI FUTURO

Ante esta realidad de pobreza y desigualdad que viven muchas personas, especialmente, los trabajadores en paro y en precario, los jóvenes sin empleo y obligados a emigrar, los mayores de 45 años con pocas posibilidades de encontrar un trabajo, los autónomos y pequeños empresarios que cierran su negocios por falta de créditos y ayudas públicas, los inmigrantes que han perdido trabajo y familia, las personas mayores que viven en precariedad, las HERMANDADES DEL TRABAJO, como asociación de trabajadores cristianos, nos sentimos comprometidos en seguir luchando por la dignidad y los derechos de los trabajadores (punto 1 del Ideario). En palabras de papa Francisco “una sociedad que no da trabajo no es justa” (Cerdeña, 22-IX-2013). Nosotros no podemos ni queremos ser cómplices de esa injusticia. Nuestros medios son escasos y nuestra contribución solo puede ser humilde: humilde pero decidida. Los miembros de nuestro Movimiento no queremos permanecer impasibles ante el destino fatal que parece amenazar a millones de trabajadores. Por eso, como un elemento de nuestra implicación, exigimos a los políticos actitudes y comportamientos éticos que promuevan acuerdos y pactos sociales que hagan frente a las causas de la pobreza y la desigualdad.

Finalmente, hacemos un llamamiento a los que tienen más recursos, a esos hombres y mujeres de buena voluntad que, teniendo abundancia de medios, pueden comprometerse con la justicia social creando empresas y puestos de trabajo donde el propio trabajador pueda fraguar el futuro de su familia y el suyo propio. El trabajador no necesita tutelas, necesita un trabajo digno.

CONSEJO NACIONAL DE ESPAÑA.

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HOAC y JOC: Comunicado 1 de mayo de 2015 • Día internacional del trabajo

En twitter #1mayoTrabajoDigno

Celebramos un año más el 1º de mayo, día festivo y reivindicativo para el movimiento obrero en todo el mundo, y día también de celebración en nuestra Iglesia, fiesta de San José Obrero, trabajador que nos mostró la dignidad de ser un obrero, herencia que compartió con el propio Jesús.

Para la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), movimientos de militantes obreros cristianos, este día es especial por doble motivo. Como trabajadores, porque lo celebramos codo con codo con nuestros hermanospara que se realice de una vez la dignidad que no vemos reconocida, y como cristianos, porque en Jesús obrero tenemos el mejor fundamento de poder conseguir la utopía que anhelamos: una sociedad de hermanos donde todos y todas podamos tener un trabajo digno que nos permita nuestro sostenimiento y el de nuestras familias, nuestra realización personal y nuestra contribución a esa sociedad mejor (CV, 63).

Celebramos este 1º de mayo MIRANDO AL PASADO. Esta fiesta nació a finales del siglo XIX, en París. Se concibió como jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a aquellas y aquellos que murieron por reivindicar los tres 8 –8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 para la relación social– y marcó un punto de inflexión en el movimiento obrero mundial, de manera que el 1 de mayo quedó consagrado como día para manifestar la inalienable dignidad del trabajador frente al capital. Hoy nos seguimos preguntando ¿cuántas movilizaciones seguirán siendo necesarias para que se acaben aceptando las más justas reivindicaciones del mundo del trabajo? ¿Cuántas más para que recobremos la conciencia de la dignidad de las personas como lo más sagrado?

La Iglesia hemos ido acompañando a lo largo de la historia los procesos de cambio, intentando iluminar desde la fe los acontecimientos y la realidad social cambiante. Quizá muchas veces con nuestras sombras, en forma de tibieza, de confusión o de diagnósticos equivocados. A la vez también, con indiscutibles llamadas y manifestaciones en defensa de la dignidad de las personas: “Cuando la vida social –también el trabajo- pone en el centro al dinero, y no a la persona, negamos la primacía del ser humano sobre las cosas, negamos la primacía de Dios” (EG 55).

Hoy nos encontramos con graves situaciones de desempleo, desigualdad, pobreza y precariedad, en todo el mundo. Son signo y consecuencia de una forma de hacer y funcionar en la que la lógica prevalente es la del dinero, no la de procurar garantizar el bien-ser o bien-vivir de todas las personas.

El último informe Foessa indica cómo la crisis está causando un riesgo de falta de cohesión social en España que se ha fundamentado en estos últimos años en el incremento de la desigualdad, el aumento del desempleo, el descenso de los sistemas de protección social, el desgaste de los mecanismos de protección familiar, las desigualdades territoriales y las dificultades recaudatorias, debidas a la economía sumergida y el fraude fiscal.

Cuando observamos esta realidad, no podemos olvidar, como dice el Papa Francisco, que“el desempleo es consecuencia de un sistema globalizado en el cual el dinero es el ídolo y el único que manda”, o que “se descarta a los jóvenes y a los ancianos”.

No vivimos tiempos de recuperación laboral y social en nuestro país cuando:

■ Hay más de 12 millones de pobres, mientras que la riqueza de los más ricos sigue aumentando.
■ Persisten tasas desempleo superiores al 23%, y la precariedad laboral es cada vez mayor.
■ El 90% de los empleos creados en los últimos años son temporales, y muchos a tiempo parcial
■ Los trabajadores pobres superan ya el 12%.
■ En 1.700.000 familias, ninguno de su miembros tiene empleo y más de 700.000 no tienen ningún ingreso.
■ Más de la mitad de los desempleados (55,71%) ya no cobra ningún tipo de prestación.
■ Los desahucios siguen siendo una lacra para tantas familias arruinadas. Según el INE, fueron 184 al día en 2013, y se incrementaron un 7,8% en 2014.
■ La mitad de los y las jóvenes están en desempleo, muchos abocados a la emigración forzosa, ocupando puestos de cualificación inferior a su nivel de estudios…
■ Las personas inmigrantes engrosan la bolsa de la economía sumergida y tienen los peores salarios.
■ La brecha salarial entre ambos sexos sigue aumentando, (…)

Esta situación, estos datos, son fuente de indignación y de dolor. También son una llamada a nuestra conciencia. No se puede construir un mundo que camine hacia la igualdad y la justicia desde las premisas sobre las que funciona nuestra economía nacional e internacional, nuestras relaciones laborales, nuestro funcionamiento social. No hay remedio si no empezamos a poner a las personas y a las familias, especialmente a las más empobrecidas y castigadas, en el centro. Por eso queremos LUCHAR EL PRESENTE, tratando de ser alza-voz del sufrimiento y las esperanzas de tantas personas trabajadoras y sus familias “He oído el clamor de mi pueblo” (Ex 6,5)

En el mundo obrero y del trabajo necesitamos que se promuevan políticas:

■ que recuperen el sentido humano del trabajo,
■ que promuevan trabajo digno,
■ que pongan sus objetivos en erradicar la pobreza y la desigualdad,
■ que fomenten una verdadera participación ciudadana,
■ que defiendan los derechos sociales como un deber de justicia,
■ que defiendan la vida en todas sus etapas.

Ante esta situación recordamos las recientes palabras del Papa Francisco: “No es suficiente con que los pobres recojan migajas que caen de la mesa de los ricos, hay bienes básicos como la tierra, el trabajo y la casa, además de servicios públicos como salud, educación, seguridad o medio ambiente, de los que ningún ser humano debería quedar excluido (…). Mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se lograrán resolver los males de la humanidad”. (Acto inaugural de la VII Cumbre de las Américas).

Y como seguidores de Jesús de Nazaret en su Iglesia y como testigos de la resurrección,anunciamos la esperanza como programa de acción. Esperanza que nos ayude a cambiar la manera de sentir, pensar y actuar, superando los viejos planteamientos capitalistas del beneficio como único motor posible de la historia, para ir alumbrando yCONSTRUYENDO EL FUTURO, como ya ocurre en muchas partes, alternativas que vayan generando una nueva realidad desde la dignidad y la fraternidad donde la persona sea lo primero.

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Hermandades del Trabajo: Manifiesto del 1º de Mayo de 2014.

“ANTE LA PRECARIEDAD, SOLIDARIDAD Y JUSTICIA SOCIAL”

Ante el PRIMERO DE MAYO, Día Internacional de los Trabajadores, LAS HERMANDADES DEL TRABAJO nos sentimos partícipes del sufrimiento de muchos trabajadores y sus familias. Estas son las principales víctimas de una crisis que genera desempleo, caída de salarios, precariedad y marginación. Especialmente nos sentimos unidos a los parados de larga duración, los cuales por su avanzada edad ven la imposibilidad de encontrar un nuevo trabajo. Tampoco olvidamos a jóvenes en paro, los cuales ven pasar los mejores años de su vida sin tener ocasión de acceder a un primer empleo. Esta situación injusta reclama del gobierno una mayor responsabilidad para poner en marcha medidas urgentes de políticas sociales y de empleo, de los empresarios más inversiones para crear puestos de trabajo y de todos los ciudadanos, en general, un compromiso de solidaridad y exigir una mayor justicia social.

SITUACIÓN ACTUAL
Durante los últimos años el PARO ha sido el motivo principal de nuestros manifiestos. En el cómputo global de este último asistimos todavía al aumento del desempleo y de la precariedad laboral. Es un hecho, que para muchos trabajadores cada vez más son injustos los salarios y las condiciones laborales indignas. Estos fenómenos, hacen que se haya reducido progresivamente las clases medias y que se haya generado en nuestro país una gran masa de trabajadores que vive en la pobreza y exclusión. Esta situación es más indignante cuando se sabe que las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, fruto de una autonomía absoluta del mercado y de una especulación financiera que tiene su origen en una profunda crisis antropológica. A todo esto hay que añadir los casos de CORRUPCIÓN. Esta lacra social es consecuencia de unas prácticas inmorales que en las últimas décadas se han desarrollado entre nosotros. Nos referimos especialmente al desarrollo urbanístico y a la financiación de los partidos, los cuales sin ningún control ético ni administrativo han pervertido la función pública.

En efecto, nos interpela y nos indigna estos dos principales problemas de nuestra sociedad: el paro y la corrupción; ellos afectan principalmente a los trabajadores y sus familias. Sin embargo, es preciso reconocer cómo ante esta situación las familias han resistido y han tejido una red de solidaridad que han permitido que las consecuencias
nefastas de la crisis no hicieran sucumbir a los más pobres. En un país que apenas asiste a las familias, reclamamos unas ayudas efectivas para que las familias se vean sostenidas en esta tarea encomiable.

DESAFIOS: SOLIDARIDAD Y JUSTICIA SOCIAL
Ante este desafío que hoy representa la situación social de tantos y tantos trabajadores, la responsabilidad de las HERMANDADES DEL TRABAJO es la de alzar la voz en solidaridad con las víctimas de la crisis, instando a los políticos a que actúen con mayor énfasis en la justicia social.

Consideramos que el acceso al trabajo es una necesidad básica humana y la exclusión del mundo laboral puede forzar a muchas personas a convertirse en marginadas de la sociedad o aferrarse a extremismos políticos. Es obligación de toda la sociedad evitar que estas situaciones vayan a más, por lo que resulta necesario potenciar algunas tareas
preferentes: la SOLIDARIDAD con los empobrecidos, el diálogo social y la colaboración mutua desde la JUSTICIA SOCIAL. Todo ha de girar en la plena realización del derecho que tiene todas las personas a un trabajo digno.

Por todo ello, EXIGIMOS:

Un gran PACTO SOCIAL contra el paro y la pobreza, con participación y presencia de todos los interlocutores sociales. Pedimos a todos ellos un sentido de austeridad, solidaridad y justicia social, donde prevalezca la promoción de la dignidad de las personas frente a los resultados macroeconómicos. Para que esto sea posible exigimos:

· El respeto y la promoción de los derechos fundamentales al trabajo, la vivienda y la alimentación.
· La puesta en marcha de políticas de empleo activo y efectivo que favorezcan el acceso al trabajo de los jóvenes, sin olvidar los mayores de 50 años; créditos y ayudas fiscales a los pequeños y medianos empresarios; y la creación de políticas públicas de apoyo a las familias.
· Una reforma fiscal que grave fuertemente los incrementos de capital como consecuencia de operaciones especulativas, que persiga el fraude fiscal y la economía sumergida.
· Un cambio del actual modelo productivo que permitan conseguir un tejido industrial fuerte y que junto a un control público de los sectores estratégicos del Estado como la energía, telecomunicaciones, agua, etc., pueda impulsar una redistribución de la riqueza y del trabajo.
· Una reforma de la administración pública que conlleve a una racionalización de todas las administraciones poniendo en práctica la moderación de los salarios, dietas y prebendas de los políticos y una aplicación de medidas estructurales de reducción de gasto sobre el empleo público.

Un auténtico “PACTO SOCIAL” exige algo más que el diálogo. Es imprescindible el compromiso personal y la corresponsabilidad social. Sin una actitud de SOLIDARIDAD y una promoción de JUSTICIA SOCIAL no habrá verdadero PACTO SOCIAL.

Comisión Nacional.

Más info: hermandadestrabajo@yahoo.es,  www.hermandadestrabajo.es

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JOC y HOAC: Comunicado 1º de Mayo

Ante un nuevo 1º de mayo, día internacional de los trabajadores  y las trabajadoras, fiesta del movimiento obrero mundial, la HOAC y la JOC, movimientos de Acción Católica especializada en el mundo obrero, queremos ofrecer nuestra reflexión.

Recordamos en este día a tantos trabajadores y trabajadoras que sufrieron y continúan sufriendo a lo largo de la historia condiciones precarias e inseguras de trabajo, lo que les ha llevado a perder la salud e incluso la vida. Trabajadores explotados por la usura de los empresarios, o de grupos multinacionales o financieros, que especulan y no dudan, en poner como centro de la actividad económica el beneficio y el dinero.

Así la persona y sus familias, son mercancía que se compra a cambio de un salario cada día menor. También recordamos a quienes, siendo un ejemplo de resistencia y lucha, han permitido que el colectivo obrero y la sociedad en general, avanzáramos hacia un mundo de justicia, igualdad, paz y desarrollo y nos implicáramos en la construcción de un mundo más fraterno.

Denunciamos que el Mundo obrero está sufriendo las consecuencias de una desigualdad cada vez mayor, entre países y dentro de cada país. El trabajo convertido en un factor más de la producción y al servicio del capital, está dejando de ser un elemento esencial para que las personas y las familias puedan vivir con dignidad. Un escenario nefasto para el desarrollo de la vida de tantas personas ¿Por qué no podemos vivir sin trabajo, y si trabajamos perdemos la vida? puede parecer exagerado… ¡pero no! Actualmente en España nos encontramos  con una escalofriante tasa de desempleo del 26% (5.896.300 de personas) [1],  del 56% si hablamos de jóvenes. Quienes encuentran trabajo, casi en su totalidad, obtienen empleos precarios e inestables [2] que también nos van quitando la vida, a veces incluso con salarios que no permiten salir de la pobreza.

Hay un ataque planificado y dirigido a redistribuir la riqueza desde la mayoría humilde obrera y trabajadora  hacia un grupo dominante minoritario, aplicando la despiadada ideología neoliberal en un mundo con fronteras para las personas, pero no para el dinero.

El reciente Informe Foessa “Precariedad y cohesión social”, presentado por Cáritas y cínicamente cuestionado por el gobierno, constata el empeoramiento de la situación laboral y social que se extiende a amplios sectores de la población.

En España la fractura social entre los más pobres y los más ricos se ha ensanchado un 45%. Cinco millones de personas se encuentran afectadas por situaciones de exclusión severa, un 82,6% más que en 2007, en su mayoría familias trabajadoras. Las diferencias son mucho más claras según la edad: los jóvenes menores de 29 años representan el 44% de las personas excluidas, y la exclusión social en la infancia se está convirtiendo en un problema de primer orden.

Es evidente el empobrecimiento acelerado del mundo obrero, que día a día encuentra más dificultades en el acceso a sus necesidades y derechos más básicos (alimentación, salud, vivienda, educación…) Esto contrasta con el creciente enriquecimiento de las élites económicas y financieras.

Ante la situación de insolidaridad estructural que se vive en todo el mundorespecto a los trabajadores, y más si cabe respecto a jóvenes que quieren y no pueden trabajar, observamos que las condiciones de vida que ofrece nuestra sociedad no son decentes porque humillan a grandes cantidades de personas abocándolas al desempleo o a trabajos precarios permanentes y mal remunerados que no garantizan una vida digna; a la pobreza que impide un mínimo proyecto de vida personal y familiar sostenible y duradero.

¿Tiene sentido seguir hablando de trabajo digno? ¿Cómo mirar desde una perspectiva cristiana la realidad del trabajo? ¿Puede ser hoy Buena Noticia nuestra manera de comprender el trabajo a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)?

Ofrecemos la reflexión de la DSI, que establece el trabajo como la clave de la cuestión social. El Papa Francisco se ha referido repetidamente a la importancia del trabajo para tener una vida digna: “Donde no hay trabajo, falta la dignidad. Y esto (…) es consecuencia de una elección mundial, de un sistema económico que lleva a esta tragedia; un sistema económico que tiene en el centro un ídolo, que se llama dinero.” [3]

La persona  debe ser y estar en el centro de la actividad económica, de la política, de las relaciones laborales, del trabajo. La forma en que se está organizando el trabajo y la sociedad nos deshumaniza, nos impide el desarrollo personal, familiar, social y nos condena, a vivir para trabajar, dispuestos a aceptar cualquier condición laboral. Se supedita al ser humano y a la familia a esta lógica.

Reconocemos que a pesar de esta situación, amigos, vecinos y familiares, voluntarios anónimos, movimientos y entidades sociales, organizaciones obreras, colectivos de Iglesia como Cáritas o Manos Unidas y otros muchos están ofreciendo experiencias de apoyo mutuo, de resistencia pacífica, de alegría en el compartir lo que no sobra. Experiencias que rechazan el individualismo, que mantienen viva la esperanza en que el tiempo dará la razón a los que ahora son olvidados por las estructuras.

Proponemos la Buena Noticia de Jesús de Nazaret, que sigue teniendo una extraordinaria fuerza profética y revolucionaria, pues la escala de valores que nos propone subvierte de raíz el orden establecido. El Evangelio anuncia que la vida humana no tiene otro sentido que dar vida, gastarse en la tarea de hacer posible que otros tengan vida. Por eso hoy debemos “convertir en actores a los que sólo son espectadores”, como decía Guillermo Rovirosa, promotor de la HOAC, o recordar nuevamente que “un joven trabajador vale más que todo el oro del mundo” como afirmaba Cardjin, fundador de la JOC.

Nos sentimos llamados y llamadas a repensar la economía y la política desde el carácter humanizador que tiene el trabajo, y sabiendo que el empleo fijo y para toda la vida probablemente ya no volverá, mientras perdure este sistema capitalista. Hemos de trabajar por garantizar una renta básica para que todas las personas tengan los mínimos para vivir con dignidad, sin renunciar a la defensa de un trabajo digno. Debemos poner nuestra mirada en los que no pueden esperar, no podemos conformarnos con que nuestro modelo de vida se caracterice por la precariedad vital que la crisis ha generado.

Reivindicamos seguir luchando por la defensa y extensión de los derechos sociales y por la necesaria renovación y fortalecimiento del movimiento sindical. Es hora de seguir construyendo pequeñas alternativas en lo económico y en lo relacional, basadas en el incremento del compartir, a veces incluso lo que no sobra, a contracorriente y en contraposición de la cultura falsa e inhumana del “tener más para vivir mejor”. Pequeñas, pero imprescindibles experiencias para imaginar e ir viviendo desde ya un futuro mejor posible frente al “único” pretendido por los que nos han traído hasta la situación actual. Es imprescindible que los cristianos y cristianas trabajemos activamente, junto a nuestros hermanos de trabajo, en la radical “defensa del pueblo deshumanizado, empobrecido y crucificado” en palabras de Ignacio Ellacuría.

Animamos a seguir construyendo esa nueva sociedad, de relaciones humanas, sociales, laborales, que sean  camino de humanización, de fraternidad y vida de comunión.

Anunciamos que las tristezas y las angustias de los trabajadores y trabajadoras, sobre todo de quienes más sufren, son también las  tristezas y angustias de quienes seguimos al Cristo obrero, al carpintero de Nazaret, que proclamó el Reino de Dios y su justicia. Continuamos celebrando la lucha obrera y mientras, tenemos el reto de seguir mostrando el amor al mundo obrero  y la fuerza solidaria  que tiene Jesucristo.

1 de mayo de 2014

[1] Datos de la EPA (1Trim. 2014)

[2] El 92,3% de los contratos registrados durante 2013 fueron de carácter temporal según el informe Foessa “Precariedad y cohesión social”.

[3] Discurso del Papa en su encuentro con el mundo del trabajo en Cagliari, 22-9-2013
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Publicado en Noticias del Foro de Laicos

Comunicado del 1º de mayo, fiesta de San José Obrero en el calendario católico y Día Internacional del Trabajo.

La Comisión Permanente del Foro de Laicos de España, desde la justicia que nace de la fe, desea solidarizarse con todas las personas que están sufriendo en primera persona los efectos de esta crisis de origen moral: trabajadores en paro, emigrantes, desahuciados de sus casas, empobrecidos, autónomos, jóvenes desesperanzados y sin horizontes, familias deterioradas y hundidas y todos los que están bajo el umbral de la pobreza.

Y os invitamos a adoptar una postura activa, desde el seguimiento de Jesús en el evangelio “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, conmigo lo hicisteis…”, lanzando las siguientes propuestas:

1.- Acercarnos e implicarnos con las necesidades de las personas promoviendo su integración a todos los niveles (educación, sanidad…) y creando lazos de solidaridad con ellos y también con los “empobrecidos”, que han visto reducidos sus recursos por la falta de trabajo o de subvenciones a asociaciones locales.

2.- Actuar apostando por las personas que quedan sin trabajo, acompañándolas y animándolas en su búsqueda de trabajo, buscándoles trabajo o creando o apoyando redes de búsqueda de empleo o bolsas de trabajo y luchando para que no se produzcan despidos injustos.

3.- Adoptar una actitud permanente de anunciar el Reino de Dios (de justicia y amor) y de denuncia de las injusticias y abusos.

4.- Atenuar el descrédito que actualmente los medios de comunicación fomentan en relación con los partidos políticos, y solicitar a éstos que desarrollen su trabajo en busca del bien común, para el que han sido elegidos democráticamente, desde la honestidad, legalidad y total transparencia en su gestión.

5.- Favorecer una cultura del emprendimiento y de  la gestión empresarial, creando nuevos modelos económicos: cooperativismo, economía de comunión,  economía del bien común  (Caritas in Veritate, 46), que sean capaces de generar unas relaciones más humanas en el ámbito económico, basadas en la justicia y comunión.

6.- Mantener solidariamente a través de nuestros impuestos cumpliendo nuestras obligaciones fiscales a las familias que no estén teniendo ingresos. Continuar la concesión de ayuda a los parados que hayan agotado el paro para evitar situaciones de necesidad extrema.

7.- Evitar el debilitamiento y posible desmoronamiento de la sanidad pública, los servicios sociales, la educación gratuita y la justicia para todos.

8.- Participar activamente con la acción de Caritas y de otras organizaciones eclesiales y sociales comprometidas en la búsqueda de la justicia y en la generación de una sociedad más humana.